Los desafíos de los Cistercienses de la Estricta Observancia en 2024

En el Congreso de Abades de 2024, el Abad General Bernardus Peeters subrayó la necesidad urgente de renovar la identidad contemplativa cisterciense ante los desafíos mundiales. Al enfatizar comunión, participación, misión y formación, llamó a una unidad más profunda, a la responsabilidad ecológica y a un liderazgo inclusivo enraizado en Cristo.

El Abad General Bernardus Peeters hablando en la ceremonia del Ateneo Sant’Anselmo para otorgar el doctorado honoris causa al Padre Michael Casey, OCSO, en abril de 2022.

29 mayo 2025

Conferencia principal
Bernardus Peeters, OCSO
13 de septiembre de 2024

Querido Dom Gregory, queridos hermanos y hermanas:

¡En medio de los tres Superiores Generales de la familia benedictina, yo soy, y me siento como el benjamín rodeado permanentemente del cuidado y cariño de mis hermanos mayores! Ante la invitación de Dom Gregory puedo compartir con vosotros algunas cosas de mi experiencia como Abad General recientemente elegido. Al hacerlo, espero daros una idea de los desafíos a los que nos enfrentamos como Cistercienses de la Estricta Observancia (Trapenses).

El 11 de febrero del 2022, el Capítulo General me eligió como Abad General. A partir de entonces, ‘como un vínculo de unidad’ (Const. 82) se me ha permitido fomentar las relaciones entre las comunidades de la Orden. Un servicio que, junto con cinco consejeros (3 monjes y 2 monjas) residentes en Roma, trato de realizar principalmente a través de la visita a las comunidades a todo lo largo del mundo. Ya visité alrededor de 70 de las 153 comunidades en todos los continentes. Mi ‘noviciado’ como Abad General terminó después de dos años y medio -y a pesar de mi corta experiencia y de que todos los días aprendo algo nuevo- voy a intentar compartir con vosotros algunos de los desafíos que enfrentamos.

Sueños

A fines del 2021, el entonces Abad General, Dom Eamon Fitgerald, pidió ser relevado de sus responsabilidades después de 13 años, por motivos de salud. Fue todo un desafío preparar un capítulo electivo durante la crisis del COVID-19, pero aun así logramos convocar un Capítulo General en febrero. En estas particulares circunstancias, el Capítulo General se convirtió más que habitualmente, en una experiencia de communio y la elección de un nuevo abad general aseguró que la Orden pudiera fácilmente unirse al proceso sinodal iniciado por el Papa Francisco con sus pilares de Communio, participatio y misio. En el proceso sinodal, reconocimos el llamado de san Bernardo a sus compañeros hermanos en el Sermón 22 de su comentario al Cantar de los Cantares para construir comunidad escuchándonos y amándonos unos a otros.

Durante este capítulo electivo, leí el folleto del Papa Francisco sobre el coraje de soñar. Después de mi elección, invité a los superiores a compartir conmigo, unos con otros y en las comunidades, sus sueños sobre la Orden y su futuro. Como habíamos decido celebrar el Capítulo General 2022 en dos partes (en los meses de febrero y de septiembre), tuve la oportunidad de visitar todas las 11 regiones de la Orden entre las dos partes del Capítulo General y lograr un primer conocimiento de la vida de la Orden alrededor del mundo y una oportunidad para conocer a todos los superiores.

Con gran entusiasmo, los superiores compartieron sus sueños sobre la Orden y su futuro conmigo y entre ellos. En algunos encuentros regionales, esta escucha de los sueños de unos y otros se desarrolló muy bien. En otras regiones, fue la primera vez que se escucharon unos a otros de ese modo. No obstante, en todas partes se convirtió en una experiencia profunda de escucha, en un compartir las esperanzas de unos y otros y en consecuencia construir comunidad. La atmósfera de derrotismo, característica de los últimos años y reforzada por la crisis del COVID, se cambió en esperanza y en una nueva energía. Al final de este viaje introductorio, había recogido 151 sueños de los superiores. Sólo dos superiores no fueron capaces de soñar (por lo demás, con legítimas razones). Por ejemplo, un superior europeo imaginaba una Orden cuyos monasterios servirían como centros alrededor de los que las personas -tanto cristianas como no cristianas- pudieran vivir en diversas formas de vida comunitaria, con un claro enfoque ecológico y una atmósfera acogedora. Un superior norteamericano soñaba no con “otra forma de vida cisterciense, sino con “una vida cisterciense que marque una diferencia”. Un superior nigeriano aspiraba a crear “sinergia entre los monasterios de occidente y los africanos de la Orden” de manera que “la identidad de ambos pueda ser respetada”. Un superior de Chile soñaba con profundizar la complementariedad entre los hombres y las mujeres en la Orden” de manera que el rostro de una sola Orden pudiera ser más completo”. Todos estos sueños se convirtieron en el fundamento de un programa para los años venideros.

Presenté este programa a los superiores en la apertura de la segunda parte del Capítulo General en septiembre del 2022. Organicé los sueños bajo los tres temas del proceso sinodal y agregué formatio (formación) como un cuarto elemento. Quedamos gratamente sorprendidos cuando, durante una audiencia privada con el Papa Francisco el 16 de septiembre del 2022, abordó nuestros sueños de una manera muy personal. Invitó a la Orden a llevar todos nuestros sueños ante Cristo colocando el sueño compartido de la identidad contemplativa de la Orden en el centro de todas nuestras aspiraciones. Fue impactante que todos los 151 sueños subrayaran el mantenimiento y la profundización de la dimensión contemplativa de nuestra vocación como el mayor desafío para la Orden.

Después de la segunda parte del Capítulo General en septiembre del 2022, comencé a visitar varias comunidades. Ahora es un privilegio escuchar los sueños de los hermanos y de las hermanas, quienes, desde sus perspectivas, complementan y profundizan estos sueños en torno a la comunión, la participación, la misión y la formación. Como resultado, los sueños están adquiriendo un contenido más concreto y pueden ser gradualmente transformados en acciones específicas, con la profundización de nuestra identidad contemplativa que sigue siendo el mayor desafío a todo lo largo del mundo.

La identidad contemplativa

Nuestras Constituciones describen la naturaleza y el propósito de la Orden de la siguiente manera: Esta Orden es un instituto monástico enteramente ordenado a la contemplación. Los monjes/monjas se dedican al culto de Dios en una vida oculta dentro del monasterio bajo la Regla de san Benito. Llevan un modo de vida monástica en soledad y silencio, en asidua oración y alegre penitencia…, así prestan a la divina Majestad un servicio que es humilde y noble a la vez”. (Const. 2)

Este modo de vida monástica de buscar a Dios y seguir a Cristo está caracterizado por ser de naturaleza cenobítica bajo una regla y un abad. “Cristo es formado en los corazones de los hermanos/hermanas a través de la liturgia, la enseñanza del abad/abadesa y el modo de vida fraterna. A través de la Palabra de Dios los monjes/monjas se entrenan en una disciplina del corazón y de la acción para ser sensibles al Espíritu Santo y así alcanzar la pureza de corazón y una conciencia continua de la presencia de Dios” (Const. 3,2). Para esta finalidad, la soledad, el silencio, la humildad, la obediencia, pero también la hospitalidad, son medios para “llevar a los monjes/monjas a una estrecha unión con Cristo, ya que es sólo a través de la experiencia del amor personal hacia el Señor Jesús cómo pueden florecer los dones específicos de la vocación cisterciense”. (Const 3,5)

Durante mis viajes, he tenido el privilegio de conocer a hermanos y hermanas que se esfuerzan por vivir en estrecha unión con Jesús y con sus hermanos y hermanas. La identidad contemplativa de nuestras comunidades es clara y fuerte. Sin embargo, este ideal de un corazón indiviso es cada vez más puesto a prueba por un mundo en permanente agitación -una agitación que se infiltra hasta en los rincones más profundos de nuestros monasterios. En muchas comunidades surgen preocupaciones debidas al envejecimiento de los miembros y a la disminución del número, lo que convierte al trabajo en una fuente importante de ansiedad. El tan necesario equilibrio entre el trabajo, la oración y la lectura, está sometido a una inmensa presión.

Las razones de esta falta de equilibrio son variadas, pero globalmente, las comunidades y cada hermano y hermana se esfuerzan por encontrar tiempo para la oración y la lectura. Lamentablemente, algunos han abandonado este esfuerzo en favor del trabajo, priorizando la supervivencia de la comunidad ante los grandes gastos personales y espirituales. Nuestro mayor desafío es buscar renovar el aprecio por la oración y la lectura comunitaria y personal. Estas prácticas son imprescindibles en la tradición cisterciense y no meros asuntos privados; contribuyen sustancialmente a la construcción de la comunidad y dan sentido a la misión de la comunidad.

Precisamente es el apoyo que proviene de la oración y de la lectura personal y comunitaria lo que puede ayudarnos a restablecer el equilibrio que a menudo se pierde. Por medio de la revaloración y el comprometernos nuevamente en estas actividades esenciales, vamos a poder fortalecer nuestra identidad contemplativa y garantizar la vitalidad espiritual de nuestras comunidades.

Nuestra identidad contemplativa es, por supuesto, más visible en la celebración de la liturgia. ¡Qué riqueza que podamos rezar juntos con hermanos y hermanas a lo largo de todo el mundo! La renovación litúrgica del Vaticano II afortunadamente no ha provocado divisiones en nuestra Orden. Por supuesto, hay comunidades que se adhieren más a una manera tradicional de celebrar la liturgia y otras que han encontrado sus formas propias. Pero en todas partes el silencio y la sencillez hablan desde la liturgia. En las Iglesias jóvenes, el desafío de la liturgia monástica está principalmente en encontrar su carácter específico propio, mientras que en el mundo occidental secularizado, la liturgia monástica consigue a duras penas conectar con los laicos que ya no están familiarizados con el lenguaje y los símbolos litúrgicos de la Iglesia.

Como monjes y monjas trapenses, estamos íntimamente vinculados con la creación a través de nuestra fuerte tradición de trabajo manual. Los efectos del cambio climático son visibles y palpables a nivel mundial, y desafían nuestra identidad contemplativa. Muchas comunidades están entonces obligadas a buscar maneras de alinear su vida cotidiana, su modo de vivir y de trabajar con la preservación de la creación.

Sin embargo, esta preocupación por la creación de Dios revela también una marcada dicotomía. Mientras las comunidades del hemisferio norte más próspero cuentan con los medios económicos para entrar en acción, las del hemisferio sur se esfuerzan y carecen de los recursos para encontrar soluciones adecuadas. Inclusive dentro de nuestra Orden, los efectos del cambio climático ponen de manifiesto un problema subyacente de desigualdad entre las comunidades ricas y las pobres.

Un gran desafío que enfrentamos es la necesidad de una administración más colegial y trasparente de nuestros recursos económicos en el servicio de nuestro carisma. Esta consideración podría ayudar a encontrarle una solución al desequilibrio existente y permitir a todas las comunidades participar en los esfuerzos por el cuidado de la creación de manera más equitativa.

Más aún, nuestro compromiso por la colaboración en el cuidado del medio ambiente debe enraizarse en nuestra tradición espiritual, y ser considerado no sólo como una necesidad práctica sino como una parte esencial de nuestra vocación de honrar la creación de Dios. Este enfoque holístico puede consolidar nuestra identidad contemplativa y a la vez responder a las apremiantes preocupaciones ecológicas.

El desafío de la comunión

Los mayores desafíos que enfrentamos pueden articularse a través de los conceptos de communio, participatio, misio, y formatio. La crisis del COVID 19 dejó a muchas comunidades aisladas, al interrumpir la sólida estructura anterior de las visitas bianuales, las visitas amistosas, las sesiones conjuntas de formación, las reuniones regionales, y los Capítulos Generales. A pesar de los esfuerzos por mantener los contactos digitalmente, nada ha sido capaz de reemplazar la experiencia palpable de pertenencia. Una consecuencia negativa de la crisis del COVID 19 fue que se reforzara la idea de autonomía que llevó a la mentalidad del “debo y puedo hacerlo por mí mismo”. Después de la crisis del COVID, restablecer los lazos mutuos se manifiesta como un desafío importante. Como Abad General, reanudé la redacción de cartas circulares a las comunidades para proporcionarles aliento espiritual y en mayor medida reinstaurar nuestras comunicaciones.

El desafío sin resolver está vinculado con el modo de promover una nueva comprensión de la autonomía. Las encíclicas del Papa Francisco Laudato si y Fratelli tutti nos guían hacia un enfoque más relacional de la autonomía. Lamentablemente, todavía nos encontramos con comunidades que insisten en una autonomía estricta, que puede llevar al aislamiento y hasta al sectarismo. ¡Esas comunidades no tienen futuro!

El desafío de la participatio

A partir del 2022, nuestra Orden ha sido oficialmente reconocida como un Instituto Religioso compuesto tanto por monjes como por monjas. A pesar de que los dos Capítulos Generales de abades y abadesas comenzaron a reunirse juntos en 1989, permanecían jurídicamente separados. La plena participación de las monjas en la vida de la Orden creció lentamente, aunque algunas veces con bastante esfuerzo, a lo largo de los años. Actualmente, la unidad entre los monjes y las monjas dentro de la Orden no es una cuestión discutida, y a menudo no somos conscientes de la posición excepcional que mantenemos dentro de la Iglesia.

No obstante, la publicación de la constitución apostólica Vultum Dei Quarere y la posterior instrucción Cor orans en 2016 inesperadamente pusieron en peligro la unidad de la Orden. Afortunadamente, el Dicasterio para la Vida Religiosa reconoció el valor de esta unidad y permitió que las monjas permanecieran dentro de una única Orden. Esta situación, con todo, ha convertido a Cor orans en un tema de discusión tanto para las monjas como para los monjes.

El Capítulo General de 2022 tomó la clara decisión de que los monjes y las monjas debían esforzarse por lograr las mismas constituciones en la medida de lo posible. Esto significaba que los monjes voluntariamente aceptaran las directrices de Cor orans, con la excepción de la duración de la formación. Históricamente, ¡no ocurría que los hombres se movieran hacia las mujeres, sino al revés! En términos de complementariedad, por ejemplo, ahora las mujeres superioras pueden servir como “Padres inmediatos interinos” tanto para las comunidades de monjas como las de monjes.

La complementariedad de los monjes y las monjas está ilustrada vigorosamente en una iniciativa que llevamos desarrollando desde hace cuatro años en la Abadía de Tre Fontane en Roma. Según la tradición, este es el sitio donde san Pablo fue martirizado, y una comunidad de monjes de nuestra Orden reside aquí desde la época de san Bernardo en el siglo XII. Sin embargo, la comunidad de hermanos se había tornado pequeña y frágil. Una comunidad internacional de seis hermanas, conocida como Aqua Salvie, actualmente se ha establecido allí para colaborar con los hermanos en la encarnación de la vida cisterciense en esta localidad. Aunque las comunidades viven en áreas separadas del complejo edilicio, van juntas a las oraciones comunitarias, a los capítulos diarios y a las comidas de los domingos, se apoyan en el trabajo y colaboran mutuamente donde es posible.

Otro desafío con respecto a la participatio es la integración de hermanos y hermanas no occidentales en la vida de la Orden. A partir de la década de 1950, la Orden se expandió rápidamente a través de nuevas fundaciones en el hemisferio sur. Con anterioridad, era una Orden predominantemente europea y americana, la excepción era Japón debido a la fuerte presencia de la Orden desde finales del siglo XIX. Los fundadores de estos nuevos monasterios en Iglesias jóvenes, ya han fallecido, al igual que la primera generación. Las generaciones más nuevas están actualmente haciendo notar su presencia y están buscando su lugar dentro de la Orden; es un desarrollo complejo que coincide con la declinación de los monasterios occidentales. ¿Estamos acogiendo a nuestros hermanos y hermanas provenientes del sur basados en sus capacidades o movidos por la necesidad? En el último Capítulo General, seguía siendo un desafío abstenerse de designar en las comisiones a nombres conocidos de Occidente y optar por una mayor diversidad. El desafío de alcanzar una composición más multicultural en las diversas estructuras de la Orden reviste importancia pero es esencial para nuestro futuro. Un programa de formación centrado en el vivir juntos en un mundo y en una comunidad multicultural se está iniciando actualmente dentro de la Orden. Por primera vez en nuestra historia, tuvimos la reunión preparatoria para el Capítulo General 2025 en el hemisferio sur. Ir hacia las periferias fue para muchos participantes de esta reunión, salirse del esquema.

El desafío de la missio

En base a la consulta de la Unión de Superiores Generales para el sínodo sobre la sinodalidad, nuestras comunidades se animaron a reflexionar sobre la misión de nuestras vidas. Este intercambio de ideas fue acogido con gran entusiasmo en muchas comunidades. A partir de estas conversaciones surgió el tema de la corresponsabilidad dentro de la comunidad, la Orden, la Iglesia y el mundo. Muchas comunidades lidiaron con el concepto de misio, lo cual puso de relieve la importancia de nuestra identidad contemplativa y su relevancia para la Iglesia y el mundo actualmente. Esta lucha con la noción de misio indica que estamos experimentando una crisis de identidad.

El desafío de la formación

Las aspiraciones de los superiores revelan el gran valor que se concede a la formación integral de los monjes y las monjas. En los últimos años se ha prestado gran importancia a este tema, lo que ha dado como resultado numerosas iniciativas de colaboración dentro de las regiones, especialmente con respecto a la formación inicial. Muchas regiones están colaborando estrechamente con la gran familia cisterciense y con la confederación de los benedictinos. Nuestra Orden está agradecida por estas colaboraciones, y me gustaría expresar un agradecimiento especial a Dom Gregory, vuestro Abad Primado, por su inquebrantable apoyo y aliento a estas iniciativas de formación a lo largo del mundo. Me gustaría también expresar mi gratitud a la A.I.M. Estas valiosas iniciativas ilustran cuánto nos necesitamos unos a otros como hijos e hijas de san Benito. Haremos todo lo posible para continuar esta colaboración.

La formación, en especial la formación permanente, sigue siendo una preocupación apremiante. En las regiones con Iglesias jóvenes, con frecuencia los recursos son insuficientes como para organizar eventos, las distancias son enormes y faltan los profesores con experiencia y los miembros con conocimientos entre los hermanos y hermanas. En las regiones occidentales, a menudo falta tiempo y fuerza para la formación comunitaria pues conduce a una disminución de los que trabajan.

No obstante, la crisis del COVID demostró decididamente que los programas de formación online son factibles y pueden ser eficaces a pesar de sus limitaciones. A estos programas online pueden también asistir los monjes y las monjas de más edad y mantenerse al día con la formación. La organización de esta clase de sesiones online para grupos más extensos requiere conocimiento y competencia. Desde junio del 2024 hemos nombrado un nuevo secretario general para la formación, quien también se desempeña como consejero del Abad General. Esperamos que esto posibilitará una mejor coordinación y dirección de los programas de formación desde Roma y el Consejo.

Conclusión

El desafío fundamental para nuestra Orden es fortalecer y profundizar la identidad contemplativa de la vida cisterciense, que es nuestra adhesión a Jesucristo por medio de la escucha continua y el amor mutuos. El proceso sinodal nos ha proporcionado las herramientas de la communio, la participatio, la missio, y nosotros agregamos la formatio. Profundizar nuestra adhesión a Jesucristo realzará también nuestros modos de comunicarnos unos con otros y con la Iglesia y el mundo. Sólo de esta manera puede el corazón orante de la Iglesia, que da forma a nuestras comunidades, convertirse en un corazón que escucha, humilde y acogedor con una clara misión. Me comprometo yo mismo en este desafío, y con las oraciones de mis hermanos y hermanas a lo largo de todo el mundo, confío en que Dios completará la obra que Él ha comenzado. Tengo confianza en poder hacerlo con la colaboración de todos los hijos e hijas de san Benito, ¡para que en todo sea Dios glorificado!

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